Posted by: Pepe de Murcia | November 5, 2007

Cuaderno de Bitácora/Binnacle Notebook (2) 20 de junio de 2007


Originalmente publicado el 3 de julio de 2007

Cuaderno de Bitácora (2): 20 de junio

El Infante, Antiguo Reino de Murcia

Arriba a las siete y media de la mañana, el sol veneciano entra por la ventana y San Marco y la Salute nos dan los buenos días desde la orilla opuesta. El battello nos deja en la plaza más famosa de Italia (San Pedro está en el Vaticano, y eso es otro país) y empezamos a hacer fotos como locos, es la ciudad más fotogénica que he visto nunca. Después de media hora en los alrededores de San Marco nos ponemos a andar sin rumbo fijo por callejones oscuros y húmedos. La ciudad huele a agua y a basura, el sistema de recogida es tan complicado que seguimos encontrando basureros trabajando hasta el mediodía. Sin embargo, la Serenissima tiene ese encanto visual y sonoro que nos hace olvidar los olores.

El callejeo nos lleva por el mercado de frutas y verduras y los sestieri menos turísticos, cruzándonos con familias venecianas con hijos pequeños y algún que otro turista igual de perdido que nosotros, hasta que llegamos a piazzale Roma y cogemos el battello número 1, que nos lleva (a nosotros y a 50 turistas más) por el Gran Canal. Palacios de familias ricas, curiosamente las fachadas que dan al Gran Canal son muy ostentosas y las paredes laterales simples muros monocromos. Unos cuarenta minutos después llegamos otra vez a San Marco y decidimos hacer eso que yo hago siempre que puedo: subir a lo más alto a demostrarle a mi miedo a las alturas que no pasa nada. La cola para subir a la torre de San Marco no es muy larga pero hace bastante calor, y luego hay que pagar 6 euros por usar un ascensor, ya que no te dejan subir por las escaleras. La vista es increíble, una ciudad rodeada de agua por todas partes y una marea humana constante en las calles estrechas.

Tras volver al albergue a comer pan con jamón (el inevitable alimento de los backpackers españoles) dimos una vuelta por la Giudecca y nos embarcamos hacia Murano. La isla del cristal ya está cerrando las tiendas, los turistas cogen los battelli para volver al centro y los muraneses hacen vida de pueblo, en una hora lo hemos visto todo incluido el árbol de navidad hecho con cristal de Murano, así que volvemos.

Nos queda el último paseo por el Dorsoduro hasta llegar a la Salute.

Lo último que hacemos hoy es cenar de nuevo a las puertas del albergue, esta vez pizza con carne de caballo comprada justo antes de que cierren la pizzería de al lado, increíble. Mañana nos aguarda el interior de San Marco y el viaje a la universitaria Bologna, donde vive el gran Gonzalo.

 

Binnacle Notebook (2): June 20th

El Infante, Ancient Kingdom of Murcia

Woken up at half past seven, Venetian sun entering through the window and San Marco and la Salute saying good morning from the other side. The battello takes us to Italy’s most famous square (St. Peter is in Vatican, and that’s another country), and we start making photos as if we were crazy, it’s the most photogenic city I’ve ever seen. After half an hour around San Marco we start walking without a target through dark and humid narrow streets. The city smells like water and garbage, the cleaning system is so complicated that we keep seeing garbage workers working until midday. However, the Serenissima has that visual and sounding charm that makes us forget about smells.

The walkabout takes us through the fruit and vegetables market and not-so-tourist sestieri, and we meet Venetian families with little children and tourists as lost as us, until we get to piazzale Roma and take the battello number 1, that takes us (and other 50 tourists more) through the Great Channel. Rich families palaces, curiously façades facing the Great Channel are quite decorated but the lateral walls are monochrome and naked. About forty minutes later we get again to San Marco and decide doing that thing I do whenever I can: climbing to the highest to show my high-places-fear that nothing happens. The queue for San Marco’s tower is not very long but it’s quite hot, and then you pay 6 euro for using a lift, as they don’t allow you to use the stairs. The view is unbelievable, a city surrounded by water everywhere and a human flood on the narrow streets.

After coming back toe the hostel to eat some bread and ham (unavoidable food for Spanish backpackers) we had a walk around Giudecca and boarded for Murano. The glass island is already closing the shops, the tourists are taking the battelli to reach downtown and Muranesians are making village-life, after one hour we have seen everything including the Christmas tree made with Murano glass, so we come back.

Last thing we do today is having dinner again at the hostel door, this time pizza with horse meat bought just before the nearby pizzeria is closed, unbelievable. Tomorrow what’s waiting for us is San Marco’s interior and the journey to university city of Bologna, were Gonzalo the great lives.

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