Posted by: Pepe de Murcia | November 5, 2007

Alrededor del mundo/Around the world (9) Tallin


Originalmente publicado el 6 de mayo de 2007

(English version below)

Alrededor del mundo (9): Tallin

El Infante, Antiguo Reino de Murcia

Estonia es uno de esos países que no aparecían en los mapas hasta hace 15 años, y además es bastante pequeño, así que supongo que es bastante desconocido. Pues a la capital de este país desconocido llegué en barco desde Helsinki como última etapa de mi viaje alrededor del Báltico, allá por el final del Erasmus (y de mi dinero).

Después de ser confundido con un terrorista en el puerto de Helsinki (si todos los demás pasajeros son jubilados rubios de 1,60m de altura con sus nietos, el pelo negro, la mochila y la barba de una semana no ayudan a pasar desapercibido), el ferry me llevó a una ciudad casi de cuento de hadas, con su muralla y sus torres puntiagudas. Después de recorrer el casco antiguo, amurallado, subir a la torre de la iglesia de san Oleviste (antiguo edificio más alto del mundo, hace unos cuantos siglos, y antiguo punto de observación del KGB, hace bastante menos), comer en restaurante de lujo por cuatro duros y hacer fotos de casi cada rincón, decidí salir de la zona turística para ver un parque de las afueras. Entré entonces en las grandes avenidas soviéticas, grises y llenas de tranvías, Ladas y camiones Kamaz de hace cincuenta años. La gente me miraba como a un extraterrestre, un turista que se atrevía a salir del circuito turístico. 3km más tarde estaba en un parque con un escenario para 300 coros, diseñado por los soviéticos como expresión del folclore domesticado y reconvertido en punto de encuentro para cantar canciones prohibidas sobre libertad, independencia o democracia. Y estaba allí solo, sobre el césped que servía de sillas en aquel teatro al aire libre, deseando seguir de viaje y no tener que coger un avión en Helsinki al día siguiente.

Cosas para ver: La iglesia de san Oleviste, con su torre de 124 m de los 159 que una vez tuvo, el ayuntamiento gótico de los siglos XIII y XV, la farmacia más antigua de Europa, el reloj de la iglesia del santo Espíritu, la catedral ortodoxa de Alejandro Nevski y otras 10 ó 12 iglesias más, mi parque de Lauluväljak (campo de las canciones o algo así), el palacio imperial de Kadriorg, y todas las callejuelas del centro histórico, lleno de sorpresas y de tiendecitas, y donde no te mirarán como a un extraterrestre, sino como a un objetivo comercial.

¿Volver? Sí, aunque me afeitaré antes.

La Foto

Around the world (9): Tallinn

El Infante, Ancient Kingdom of Murcia

Estonia is one of those countries that were not on the maps until 15 years ago, and it’s also quite small, so I guess it’s quite unknown. Well, to the capital of this unknown country I arrived by ship from Helsinki as the last stop of my journey around the Baltic sea, by the end of Erasmus (and of my money).

After being thought to be a terrorist at Helsinki’s harbour (if all the other passengers are blonde retired people 1,60m high with their grandchildren, black hair, rucksack and one-week-beard don’t help to be unnoticed), the ferry took me to an almost fairy tale city, with its defensive walls and sharp towers. After walking around the historical in-wall downtown, climbing St. Oleviste church’s tower (once tallest building in the world, several centuries ago, once KGB observation point, quite less time ago), having lunch at luxury restaurant for a few bucks and taking pics from almost every corner, I decided to leave the tourist area to see a park in the city outside. I entered then the great Soviet avenues, grey and full of trams, Ladas and fifty-year-old Kamaz trucks. People looked at me as an alien, a tourist that had the strange idea of leaving the tourist circuit. 3km later I was at a park with a stage for 300 choirs, designed by Soviets as expression of tamed folkrore and reconverted into a meeting point to sing forbidden songs about freedom, independence and democracy. And there I was, alone on the grass used as chairs in that open-air theatre, wishing to keep travelling and not having to take a plane from Helsinki the following day.

Things to see: St. Oleviste church, with its 124m (once 159m) tall tower, gothic town hall from centuries XIII and XV, the oldest Chemist’s in Europe, the clock of Holy Spirit church, the othodox cathedral of Alexander Nevski and other 10 or 12 churches, my park of Lauluväljak (song grounds of something like that), the imperial palace of Kadriorg, and all those narrow streets at historical downtown, full of surprises and little shops, where you wont be looked at as an alien, but as a commercial target.

Coming back? Yes, but I will shave before.

The Photo

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